lunes, 18 de noviembre de 2013

Freemium: ¿Nadie lo ve? La gran amenaza es WinPho...

En Freemium, José Mendiola opina sobre la situación actual del mundo de la tecnología Esto cada vez se parece más a la típica bronca en un bar. No se sabe muy bien cómo ha comenzado el tumulto pero ahí no queda una mesa en su sitio. Vuelan los vasos y las tortas, pero en medio de este caos, alguien puede estar robando las carteras de todos los presentes, demasiado cegados por meter el puño en la tripa del rival como para acordarse de sus pertenencias. El mundo de la telefonía móvil había entrado en una dinámica, no diremos que monótona, pero sí predecible: si uno se iba a comprar un smartphone a prácticamente todo el mundo se le ocurría recomendar un Android o iPhone, y para de contar. El duopolio se había consolidad y la guerra cada vez era más encarnizada: la plataforma móvil de Google planteaba sus victorias en términos de cuota de mercado, mientras que Apple se vanagloriaba de llevarse el grueso de la tarta en términos de ingresos.

Así las cosas, el usuario, de alguna manera, se ha acostumbrado a esta lucha sin cuartel, y de hecho, sin quererlo realmente, ha entrado en la maquiavélica estrategia de las marcas: o eres un fanboy o eres un fandroid. Hay que tener en cuenta que cuando defendemos a ultranza una plataforma y ridiculizamos otra, las marcas se frotan las manos: quieren nichos de mercado y bien diferenciados. En esta guerra sin cuartel, los informes de IDC o Gartner que van tomando el pulso al mercado mes a mes, se viven con auténtica pasión, pero es posible que en esta acomodada taberna, un tercero se esté aprovechando de la bronca para ir poco a poco afianzando posiciones. Y no es un intruso cualquiera, precisamente.

Ver video Microsoft llegó tarde a la fiesta, y en medio del tumulto abogó por centrarse en el desarrollo de su plataforma y se aisló un poco del fragor de la batalla. Los de Redmond apostaron por la única ventaja comparativa que ofrecía ser un recién llegado al mercado (es cierto que Windows Mobile era una plataforma veterana, pero en la nueva etapa, WinPho era un advenedizo): aprender de sus rivales e intentar mejorar la oferta. BlackBerry apostó por defender posiciones: la firma canadiense lo había sido todo en este mercado, pero al no haber actualizado su sistema operativo a tiempo se encontró indefensa en esta guerra. Era como si se enfrentara a metralletas con tirachinas, y claro, salió escaldada. WinPho evitó inicialmente el enfrentamiento directo y dedicó tiempo al desarrollo de su plataforma, un tiempo que, como veremos, fue muy bien invertido.

Fueron varios los giros de tuerca pero al final alcanzaron su primera meta: lograr un producto de calidad apreciado por el usuario. Windows Phone cuenta con uno de los índices de satisfacción más elevados entre los usuarios, y el asunto dejó de ser una broma cuando en abril de este año la plataforma se convirtió en la más valorada entre los estadounidenses. Sí, ese despistado que entró tarde en el bar había comenzado a acumular carteras ajenas. Los usuarios que habían probado WinPho estaban no contentos, sino encantados. Caray, eran pocos pero muy felices. Pero en esta carrera Microsoft no aflojó el ritmo y a golpe de chequera fue asegurándose que en el ecosistema no faltara una sola app de primer nivel que retuviera a usuarios de otras plataformas. Instagram fue uno de los logros más complejos pero que dio buena muestra del tesón de la marca por proveer al usuario con más argumentos para quedarse en WinPho que el puro gusto de usarlo. Pero en esta estrategia expansiva, una plataforma no es nada si no hay un hardware sólido donde correrla. Es cierto que los fabricantes de smartphones habían hecho notables esfuerzos por juntar estos dos mundos, pero tal y como reconocería acertadamente el gigante que dio vida a Windows, la experiencia óptima se obtenía cuando hard y soft se cocían en la misma cazuela. Lección aprendida por el mercado con sello de Apple, dicho sea de paso. El romance Nokiasoft había comenzado de forma apasionada y los de Espoo se convirtieron en los elegidos para unificar en plena armonía esos dos mundos. Y el comienzo fue espectacular. La gama Lumia ha ido subiendo el ritmo del diapasón hasta niveles insospechados y el usuario no sólo iba encontrando cada vez más argumentos para quedarse en la plataforma (estrategia de retención), sino para entrar en ella buscando nuevas experiencias al calor de la innovación (captación).

Alguien debería ir parando la música en este bar, y es que, perdido en las estadísticas, nos encontramos con un dato que debe servir de aviso a navegantes: Windows Phone ha crecido el último trimestre un 123% con respecto al anterior. Es cierto que uno se fija en lo grueso, en cómo va el reparto de bofetadas entre fanboys y fandroids, pero WinPho lleva meses acumulando usuarios por miles y los últimos modelos de Nokia ponen la guinda que faltaba en esta tarta: la de la innovación. Un usuario aburrido por este duopolio cada vez más consolidado, puede estar cada vez más tentado de aventurarse en nuevas aguas y dejar que estos dos se partan la cara. Están lejos de ser un peligro real para los grandes pero... ¿es que nadie lo ve? La gran amenaza es WinPho.